Solución de Problemas

Toda crisis puede ofrecer una oportunidad. Lo importante es tener una actitud proactiva, actuar antes de que surjan las situaciones. Si no lo hacemos, la crisis llegará, habrá reacciones y correremos el riesgo de una catástrofe.

Una de las cosas que aprendí fue a buscar la experiencia. A menudo defiendo el poder de los jóvenes en puestos directivos, pero cuando uno atraviesa una crisis comprende que la experiencia no se compra. Cuando nos enfrentamos a una crisis, el primer impulso suele ser la incertidumbre o el miedo. Los problemas grandes y complejos pueden paralizarnos y la solución no siempre es clara. Pero, en esos momentos, la experiencia se convierte en un aliado crucial. Con cada dificultad superada, acumulamos herramientas, enfoques y, lo más importante, una perspectiva más amplia. He aprendido que, cuando miro hacia atrás y recuerdo las veces en que una crisis me desafió, descubro que la solución no está solo en el conocimiento teórico o en las técnicas, sino en cómo reaccionamos, cómo nos adaptamos y cómo utilizamos nuestras experiencias pasadas. He llegado a la conclusión de que las decisiones que tomamos durante las crisis dependen no solo de la información disponible, sino también de cómo nos guía nuestra experiencia pasada. La forma en que hemos manejado los problemas antes nos permite tomar decisiones más informadas en el futuro.

No existe una única respuesta para todos los problemas y no todas las soluciones funcionarán en todas las situaciones. Lo que realmente distingue a los buenos solucionadores de problemas es su capacidad de adaptación. Aquí es donde entra en juego la experiencia. No se trata solo de aplicar soluciones conocidas, sino de adaptar lo que hemos aprendido a las circunstancias actuales. La flexibilidad es vital y la experiencia nos enseña que nada está escrito en piedra. Lo que funcionó en el pasado puede no ser la mejor opción ahora, y eso está bien. El truco está en evolucionar con el tiempo, en ajustar nuestras estrategias a medida que adquirimos más conocimiento y perspectiva.

Otra cosa en la que he estado reflexionando es que si en tiempos de crisis mantenemos una mentalidad positiva independientemente de nuestro rol, eso ya es una victoria para todos. Y esta mentalidad la deben adoptar todos como equipo, pero sobre todo es el líder el que tiene que reflejar confianza. Y es que en tiempos de crisis, muchas veces es fácil caer en el pesimismo y la desesperanza. Sin embargo, he descubierto que mantener una mentalidad positiva es una de las claves más poderosas para la resolución de problemas. La experiencia nos enseña que, aunque las dificultades son inevitables, nuestra actitud ante ellas es lo que marca la diferencia. La creencia de que, al final, siempre hay una solución nos impulsa a seguir adelante, a buscar alternativas y a no rendirnos. La esperanza y la perseverancia son esenciales, y la experiencia nos enseña que el tiempo puede ofrecer una nueva perspectiva.

Una de mis notas para la resolución de problemas es: definir claramente el problema, luego recopilar información como hechos y datos, desarrollar alternativas en reuniones de equipo, analizar esas alternativas identificando las ventajas, seleccionar la acción o alternativa, luego implementar la acción con planes y ejecutar como un campeón… Ah, me olvidé, evaluar los resultados de sus acciones como alguien que rastrea su pedido después de comprar en línea.

También suelo pensar como sugiere Pareto: “El 20% de las actividades o factores implicados pueden explicar el 80% de los resultados o problemas; por tanto, el 80% de los factores o actividades explican el 20% del problema o resultado”. Centrémonos en el 20% que tiene mayor impacto.

Lo más difícil de todo al principio, y lo debo decir por experiencia, es pasar a la acción. Aunque se dedique demasiado tiempo a planificar, es la acción la que al final resuelve los problemas. Y los CEOs tienen la mayor carga de responsabilidad en una empresa porque son los encargados de ejecutar. Podemos resolver el problema de una empresa, de una organización o de un país en una charla de café, pero de ahí a que eso ocurra hay un mundo de diferencia. Los CEOs tienen que tener la capacidad de llevar a cabo lo planificado, y en casos extremos tomar decisiones tan rápidas que puedan salvar una empresa a corto y largo plazo. No es una tarea fácil desde dentro porque en medio de una crisis todos nos sentimos paralizados, pero es el precio que todo CEO que se respete debe pagar.

He visto malos CEOs que solo dan órdenes y no ofrecen valor. Imagina que eres el capitán de un barco que tiene un agujero y se está hundiendo, así que en vez de gritarle al mecánico que lo tape, bajas inmediatamente a ayudarlo… por el bien de todos. Y toda crisis lleva a la unión del equipo. Y a veces es necesario tomar decisiones por urgencia, aunque no hayan sido meditadas a fondo si la situación requiere ejecución. Luego, una vez pasado el peligro, te pueden criticar, pero a veces la falta de acción supone el hundimiento del barco. Por eso termino mencionando que todos vamos a resolver problemas, ya sea en una empresa o en nuestra vida personal, y en cada caso, necesitamos ser grandes líderes.

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