El debate sobre la inmigración suele estar plagado de emociones, mitos y malentendidos. En muchos países, especialmente en aquellos con un alto flujo migratorio como Estados Unidos, es habitual escuchar la idea de que los inmigrantes representan una molestia o una carga para la sociedad. Pero, ¿hasta qué punto es cierta esta idea? Se les culpa de la falta de empleo, del aumento de la inseguridad o del colapso de los servicios públicos, cuando la realidad es mucho más compleja.
Lejos de ser una carga, los inmigrantes suelen hacer importantes contribuciones a la economía. En muchos países desarrollados, ocupan puestos de trabajo esenciales que los locales no quieren o que sufren escasez de mano de obra, como la construcción, el servicio doméstico, la agricultura y la atención sanitaria. Además, muchos inician sus propios negocios, creando puestos de trabajo y contribuyendo a los impuestos. La inmigración también enriquece la cultura y fomenta la innovación. A lo largo de la historia, algunos de los mayores avances científicos, tecnológicos y culturales han surgido gracias a la influencia de los inmigrantes. Empresas líderes en todo el mundo han sido fundadas por personas que abandonaron su país en busca de nuevas oportunidades.
¿Por qué es una prioridad detener la inmigración ilegal?
Un punto que muchas veces se pasa por alto es que la inmigración ilegal no solo afecta a los ciudadanos, sino también a los inmigrantes que han seguido el proceso de manera legal. Muchos de ellos han esperado años, pagado miles de dólares en papeleo y pasado estrictos controles para obtener su estatus legal. Es injusto que si tú llevas años luchando por un estatus legal en un país, otra persona llegue ilegalmente y le den todos los beneficios que puedas imaginar. Pues bien, eso pasó con el gobierno de Joe Biden en Estados Unidos. Es una locura total.
Los inmigrantes ilegales tienen acceso a servicios públicos como atención médica de emergencia, educación y asistencia social, lo que crea una carga fiscal significativa para los contribuyentes. Las escuelas y los hospitales en áreas con alta inmigración ilegal están desbordados, lo que afecta la calidad de los servicios. Si bien la mayoría de los inmigrantes no son delincuentes, la falta de filtros rigurosos puede facilitar la entrada de personas con antecedentes peligrosos, el tráfico de drogas y el crimen organizado. Si bien la inmigración puede ser beneficiosa en ciertos sectores, los flujos migratorios no regulados pueden distorsionar el equilibrio del mercado y generar tensiones económicas.
Estoy a favor de la inmigración, pero de la inmigración legal.
¿Cómo no iba a estarlo? Soy inmigrante, pero sobre todo sé que la inmigración es un motor que impulsa a un país hacia adelante. Piénsenlo: mientras un país pierde a sus jóvenes talentos, otro tiene la suerte de acogerlos. Piensen en esto: ¿tendríamos Google, Amazon o Tesla sin inmigrantes? Para empezar, Sergey Brin es de origen ruso, Jeff Bezos tiene padres latinoamericanos y Elon Musk es sudafricano. Podría enumerar muchos más ejemplos.
La inmigración es una fuerza positiva, pero debe ser legal y ordenada. Como inmigrante, entiendo los desafíos que supone obtener la residencia o los permisos necesarios. Muchos de nosotros hacemos sacrificios importantes, siguiendo un proceso legal que suele ser largo, costoso y complejo. Lo hacemos porque creemos en el valor del sistema. Si permitimos que otros entren ilegalmente sin cumplir los mismos requisitos, socavamos los esfuerzos de quienes han seguido las reglas y respetado el proceso.
Sin embargo, siempre estaré a favor de la inmigración. La inmigración legal permite a los inmigrantes contribuir plenamente a la economía y la cultura del país de acogida. Al tener acceso a empleos legales, pagan impuestos, participan en la seguridad social y pueden contribuir al crecimiento y la innovación. Además, este tipo de inmigración permite aprovechar el talento y las habilidades de quienes desean contribuir a su nueva sociedad sin temor a ser explotados o vivir en las sombras. La inmigración legal promueve una integración más fácil en la sociedad, ya que los inmigrantes tienen acceso a recursos como la educación, la capacitación laboral y el aprendizaje de idiomas, lo que les facilita adaptarse y tener éxito a largo plazo. Además, los inmigrantes que siguen las leyes del país respetan y comprenden las normas sociales, lo que fomenta un entorno de respeto mutuo.
Repito: La inmigración es positiva, pero legal y organizada.
La responsabilidad de ser inmigrante
Creo que todos tenemos una responsabilidad clara. Debemos cuidar el país que nos ha adoptado como nuestro. Debemos integrarnos, aprender el idioma, esforzarnos por ser buenos ciudadanos. Al migrar, los inmigrantes también deben ser conscientes de que el país de acogida tiene principios democráticos que deben ser respetados. La tolerancia, el respeto a los derechos humanos y la libertad de expresión son elementos fundamentales en muchas sociedades, y es responsabilidad de cada inmigrante adherirse a estos principios. Ser consciente de que en una sociedad democrática todos tienen derechos, pero también responsabilidades, es esencial para una integración exitosa. El compromiso con la comunidad local va más allá de seguir las leyes. Los inmigrantes tienen la responsabilidad de ser buenos vecinos, de ayudar a crear una convivencia armoniosa y de ser ciudadanos activos, participando en la vida pública y contribuyendo a la construcción de una sociedad inclusiva. Esto puede incluir votar (si tienen derecho), involucrarse en actividades voluntarias, aportar ideas para la mejora del medio ambiente y respetar los intereses de la comunidad. Debemos cumplir con las regulaciones y respetar las instituciones, lo que no solo facilita la integración, sino que también fortalece la estabilidad social y política del país de acogida.
La inmigración no es sólo un derecho, sino también un compromiso con la sociedad que los recibe, y es a través de este esfuerzo de integración y respeto mutuo como se puede lograr una convivencia próspera y armoniosa para todos.
La pregunta del millón
¿Somos un estorbo?
En realidad, hay algo que no podemos negar: hay muchos prejuicios, resentimientos y racismo hacia los inmigrantes. Es una verdad que he experimentado en primera persona como inmigrante, pero no quiero generalizar diciendo que siempre es así. En épocas de dificultades económicas, algunas personas sienten que los inmigrantes compiten directamente por los mismos empleos, viviendas y recursos. Este sentimiento de competencia puede conducir al racismo y la xenofobia, especialmente si los inmigrantes están dispuestos a trabajar por salarios más bajos o en empleos que los ciudadanos nativos no quieren.
La percepción de ser un “estorbo” generalmente proviene de una falta de información o de un sistema migratorio desordenado, no de la realidad de lo que los inmigrantes traen al país.
No, no somos un estorbo. Al menos a mí me gusta pensar que no. Estamos viendo en Estados Unidos cómo muchas familias que antes estaban unidas gracias a la inmigración se están volviendo a separar. Es doloroso, pero es un buen momento para que los inmigrantes reflexionemos sobre por qué decidimos huir de nuestro país. Debemos entender que nuestros gobernantes en nuestros países son los primeros en separar a las familias. Y quizás estas deportaciones sean una semilla de lucha por nuestras tierras en lugar de abandonarlas.