Desde que tengo memoria, siempre he querido agradar a todos. Y creo que nos pasa a todos. En la infancia, buscamos la aprobación de nuestros padres, en la adolescencia la de mis amigos y, ya en la adultez, la del mundo. Sin embargo, con el tiempo comprendí una verdad ineludible: no importa cuánto te esfuerces, no importa cuánto perfecciones tu arte, tu deporte, tu trabajo o incluso tu manera de ser, siempre habrá alguien a quien no le gustes.
Es un hecho. No hay ser humano sobre la faz de la Tierra que haya logrado un consenso absoluto de admiración. Ni siquiera los más grandes genios, los más talentosos artistas, los más influyentes líderes han sido amados por todos. Si Einstein, con su inigualable contribución a la ciencia, tenía detractores, ¿qué nos hace pensar que nosotros estaremos exentos de críticas o rechazos?
Es fácil caer en la trampa de pensar que si somos lo suficientemente buenos, agradaremos a todos. Pero la realidad es que la percepción es subjetiva. Puedes ser el mejor escritor del mundo y aún así habrá quien diga que tu estilo es aburrido. Puedes ser el mejor pintor de la historia y aun así habrá quienes encuentren tu obra insípida. Puedes ser el mejor atleta y aun así habrá quienes prefieran a otro competidor. Porque la aceptación no depende solo de lo que eres o de lo que haces, sino de cómo los demás eligen verte.
Tomemos a Albert Einstein como ejemplo. Su teoría de la relatividad revolucionó la ciencia y cambió para siempre nuestra comprensión del universo. Sin embargo, en su época, muchos científicos lo desestimaron. Incluso hoy, hay quienes intentan minimizar su impacto. ¿Acaso eso hace que su legado sea menos importante? No. Solo demuestra que, por brillante que seas, siempre habrá quien te critique, te envidie o simplemente no te entienda.
Otro caso es Vincent van Gogh. En vida, apenas vendió unas pocas pinturas. Fue considerado un fracasado, un loco, alguien sin talento ni futuro. Hoy en día, es reconocido como uno de los más grandes artistas de la historia. La ironía es que, incluso ahora, hay quienes no disfrutan su estilo. La lección es clara: no se trata de ser bueno, se trata de entender que no a todos les gustará lo que hagas, y eso está bien.
El deseo de aprobación es natural. Somos seres sociales, y desde tiempos ancestrales nuestra supervivencia dependía de la aceptación del grupo. Ser rechazado significaba estar en peligro. Sin embargo, en el mundo moderno, este instinto ya no es una cuestión de vida o muerte. Aun así, seguimos aferrándonos a la idea de que debemos agradar a todos, cuando en realidad esto es imposible y poco saludable.
Buscar la aprobación de todos nos convierte en esclavos de las expectativas ajenas. Nos lleva a modificar nuestra esencia, a silenciar nuestras opiniones, a reprimir nuestras pasiones. Y aun si logramos encajar en cada molde impuesto, siempre habrá alguien que nos critique. Entonces, ¿qué sentido tiene?
Cuando comprendemos que nunca podremos gustarle a todos, algo mágico sucede: nos liberamos. Dejamos de perseguir lo inalcanzable y comenzamos a enfocarnos en lo que realmente importa. En lugar de intentar ser la versión que otros esperan de nosotros, nos permitimos ser auténticos.
Steve Jobs, quien revolucionó la tecnología con Apple, era conocido por su personalidad fuerte y su falta de tacto en muchas ocasiones. A pesar de haber cambiado el mundo con sus ideas, no todos lo admiraban. De hecho, era odiado por muchos de sus empleados y competidores. ¿Eso le impidió marcar la diferencia? Para nada.
Incluso en la literatura encontramos ejemplos. J.K. Rowling, autora de Harry Potter, ha sido objeto de amor y odio. Ha recibido críticas feroces, boicots y hasta amenazas. Pero su impacto es innegable. Su historia ha inspirado a generaciones y seguirá haciéndolo, independientemente de las opiniones negativas. Fifty Shades of Grey de E.L. James fue duramente criticado por su narrativa y contenido, pero vendió millones de copias en todo el mundo y generó un impacto cultural enorme. Lo mismo ocurrió con Twilight de Stephenie Meyer, que recibió burlas y desprecio de muchos, pero fue amado por millones de lectores.
Otro caso emblemático es el de Taylor Swift. A lo largo de su carrera ha sido criticada por la temática de sus canciones, su vida personal y sus decisiones artísticas. Sin embargo, ha construido una de las bases de fans más fieles y exitosas de la historia. Cada álbum que lanza genera opiniones encontradas, pero su influencia en la música es innegable.
No necesitas gustarle a todos.
Aceptar que no le vas a gustar a todo el mundo no es resignación, es liberación. Significa que puedes enfocarte en lo que realmente importa: tu propósito, tu pasión, tu felicidad. Significa que puedes dejar de caminar sobre cáscaras de huevo intentando agradar a todos y comenzar a vivir con autenticidad.
La próxima vez que sientas el peso de la desaprobación ajena, recuerda esto: no importa lo que hagas, habrá quienes te critiquen. Pero también habrá quienes te amen, quienes se inspiren en ti, quienes valoren lo que haces. No desperdicies tu energía tratando de convencer a los que nunca estarán de tu lado. Enfócate en aquellos a quienes sí les llegas, en aquellos a quienes sí impactas.
Acepta que, aun sin gustarles a todos, otros sí te reconocen en tus logros y esfuerzos. Acepta a los que no, agradece a los que sí, mantente siempre humilde y sigue creciendo por ti mismo.