Carta a mi yo de 90 años.

Hola, me puedes recordar?

Aún no te conozco muy bien. Te conoceré, o al menos espero que llegar a los 90 años sea una realidad. Sé que en el fondo sigues siendo el mismo niño. He estado pensando en ti. Espero que estés sonriendo mientras lees esto, porque significará que hemos hecho las cosas bien. Espero que estés viviendo la vida que soñamos, no la que otros esperaban de nosotros.

Quiero creer que no te arrepientes. Que tuviste el coraje de tomar decisiones difíciles, de seguir tus sueños incluso cuando el camino estaba lleno de dudas y críticas. Espero que hayas tenido el coraje de ser quien realmente eras, de no ceder a las expectativas de los demás, porque siempre supimos que nuestro corazón nos guiaría mejor que cualquier opinión. Espero que estés orgulloso de ti mismo, yo lo estoy ahora, pero espero que tú lo estés.

¿Estás ahora en una isla de Cuba, cerca de la playa? ¿Rodeado de libros, con el sonido del mar como banda sonora de tus días? Ese era nuestro sueño, ¿recuerdas? Que al final del camino tuviéramos un espacio donde pudiéramos respirar profundamente, cerrar los ojos y sentir que la vida valío la pena.

Espero que estés rodeado del amor de una familia numerosa, una que construimos con esfuerzo y dedicación desde cero. Que cada abrazo, cada risa y cada conversación en ese hogar te recuerde que lo que más importa nunca fueron los títulos, los aplausos o el dinero, sino la gente que amamos y que nos aman. Sé que la vida no fue fácil. Que hubo momentos en los que tuviste que ser racional, incluso algo frío, porque no podías permitirte quebrarte, porque siempre fuiste un líder, alguien en quien los demás confiaban, y eso tiene un precio. Pero espero que te sientas en paz cuando mires atrás, sabiendo que siempre diste lo mejor de ti, incluso cuando las circunstancias te pusieron a prueba. Pero siempre fuiste un llorón, apuesto a que aún derramas algunas lágrimas, pero te escondes en un rincón porque te da vergüenza, solo espero que las lagrimas sean de felicidad. Lo mereces.

¿Aún tienes energía? Me gusta imaginar que sí, que tu espíritu sigue inquieto, curioso, con ganas de aprender, crear y soñar. Espero que, a pesar de los años, aún quieras vivir otros 90 años, aunque sabemos que no es posible. Porque la vida, aunque no siempre fue justa ni fácil, siempre fue un regalo que apreciaste.

Te confieso algo. Cada vez que tomo una decisión, pienso en ti. ¿Qué me dirías, si estuvieras de acuerdo con tu sabiduría, si no te arrepentirías? Y gracias a eso, creo que voy por buen camino.

Así que, querido yo del futuro, te abrazo desde aquí, desde este momento en el que aún estamos construyendo el camino. Gracias por no rendirte, por mantener la fe en nosotros y en lo que podemos lograr. Te mereces toda la paz, el amor y la felicidad del mundo.

Con Amor,
Tu yo de hoy

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