Escribir es una de esas cosas que hago con amor, sin esperar nada a cambio. Así que convertirme en escritor no fue una decisión, fue un acto de simplemente dejarme llevar por una parte de mí. Ocurrió casi sin tenerlo en cuenta, fue automático. A muchos les sorprendería saber que casi no planifico mis novelas, y Escalando Montañas no empezó como una construcción de trama, sino como una idea para dar vida a los personajes ficticios.
Todo se remonta a aquella noche de diciembre, sentado frente a mi computadora con una idea en mente: retomar una novela que había abandonado a los quince años.
Aquella historia que quería retomar no era la misma que Escalando Montañas hoy. Yo había escrito muchas novelas cortas y cuentos que empezaban con la típica frase “érase una vez”. Solo sabía que necesitaba escribir, aunque no supiera como, ni sobre que. No lo hacía para que me publicaran, lo escribía para mí, pero la historia que había abandonado a los quince años, al final quedó en eso, abandonada, pero gracias a eso pude escribir mi primera novela y publicarla a los 20 años. Quizá recuerdo bien aquella noche de diciembre porque me sentí frustrado por no poder escribir ni una palabra, así que apagué la computadora y, de pronto, me vinieron ideas confusas a la cabeza, pero decidí ignorarlas por completo. Ya me había rendido. Lo curioso es que era una novela diferente, no se trataba de las típicas cosas juveniles que estaban de moda en plataformas como wattpad, era más una historia de vida sobre un chico de pueblo que no conoce su propósito, en ausencia de su padre y con una fuerte conexión con una montaña.
-Es una estúpida idea- Pensé, quizá tenía razones para pensar que no era una buena idea, pero puedo confirmar que no se me fue de la cabeza.
Pasó una semana. Siete días y yo seguía pensando en la historia que pensé que olvidaría en un par de minutos. Conforme pasaba el tiempo, solo pensaba que la idea de que no estaba escribiendo desaparecería tarde o temprano, y no haría el esfuerzo de continuarla, pero… bueno, la historia me estaba llamando. En lugar de olvidarla, solo se hacía más fuerte, nombres como Paulo Vargas, Catalina Querrá, Nicolás Querrá, Emma Díaz y otros personajes de ficción seguían apareciendo. Caminaba por mi habitación recordando la historia. El día número siete, decidí sacar de mi pecho a los personajes que quería darle vida. Una vez que comencé las primeras palabras con el capítulo titulado “Recordar mi historia” comencé una historia que me haría escalar montañas.
Me llevó más de dos años terminarlo y, cada vez que me bloqueaba en el proceso, simplemente capturaba las partes reales de mi vida. Y después de terminarlo, me quedaba mirando la última oración que escribí.
“Porque cada montaña superada te acerca un poco más al amor, al perdón y a la sabiduría de que la vida es un viaje, y sin importa a dónde vaya, yo seguiré; Escalando Montañas”
ESCALANDO MONTAÑAS
– Rene De Paz
- Es perfecto - pensé
Una vez que estuvo terminado, ¿qué hacía ahora? Había escrito la historia para mí, pero por alguna extraña razón, quería compartirla. Ya era un hecho consumado, ahora era escritor.
Me quedé reflexionando, y también era diciembre. Recordé cómo esta novela había sido literalmente un escape para mí y para la vida tan ajetreada que llevaba después de estar exiliado en Estados Unidos. En mi habitación de 22 metros cuadrados, que compartí con mi padre el primer año, quien trabajaba toda la noche para dormir durante el día y yo tenía que encerrarme en el baño para no despertarlo con el sonido de mis dedos presionando el teclado o la luz que pudiera venir de la computadora. Es vergonzoso decirlo, pero escribí mi novela encima del inodoro de nuestro pequeño baño durante meses, hasta que me independicé y entonces, seguí escribiendo, pero esta vez frecuentaba un Starbucks cerca de mi casa para romper la rutina, y de vez en cuando frecuentaba un club de lectura en la librería John F. Kennedy en Miami, Florida, donde asistían jubilados amantes de la escritura, yo era el único joven del lugar. Quizás el proceso de escribir un libro no sea muy divertido, pero les aseguro que esta novela me salvó de la depresión y la ansiedad que sufría. Así que publicarla podría significar que yo también pudiera ayudar a otros como me ayudó a mí. Porque escribir un libro es como regalar compañía y la gente se siente cada vez más sola.
Hoy en día, mi novela se puede encontrar en más de 150 tiendas y librerías dentro y fuera de los Estados Unidos. Pero lo que más me emociona son las bibliotecas públicas que sirven a todo el mundo. La primera que me abrió sus puertas fue la Biblioteca John F. Kennedy en Miami, donde ahora se puede encontrar mi novela en exhibición en un estante dedicado a autores locales. Para mí es esencial que la gente tenga acceso a mis novelas de forma gratuita. La literatura debe ser accesible para todos, sin barreras económicas, y las bibliotecas juegan un papel clave en ello. Saber que cualquiera, independientemente de su situación, puede tomar mi libro, leerlo y sumergirse en su historia es una de las mayores satisfacciones que puedo experimentar como escritor.
Si algo he aprendido es que escribir no consiste solo en contar una historia, sino en descubrirte a ti mismo en el proceso. Y eso, más que cualquier otra cosa, es lo que hace que valga la pena.
Gracias a los lectores que dieron a este novelista emergente una oportunidad.